Dieta Mental

LLevamos un mes dentro del año 2018, ¿cómo van esos propósitos de año nuevo? Es un clásico de todos los días 1 de enero. Con cada año nuevo llegan nuevos propósitos que hacemos con toda nuestra buena intención pero que, transcurridas unas semanas, acabamos olvidando.Son muchos y muy habituales: dejar de fumar, adelgazar, encontrar un trabajo mejor, mejorar la relación con tu pareja y cientos de buenas intenciones más.  Según el psicólogo británico Richard Wiseman, aproximadamente el 88% de las personas incumplen sus propósitos de año nuevo, y en 2019 volverá a suceder.
Conocemos aquellos alimentos que nos hacen mal. Creo que somos lo que comemos pero también lo que pensamos. ¿Por qué no  preocuparnos por cómo alimentamos nuestra mente? No me refiero a un nivel bioquímico , me refiero a los pensamientos que dejamos entrar en nuestra mente. El alimento de la mente es la información que viene a ella a través de diferentes canales: imágenes, sonidos y aún impresiones sensoriales como el gusto, el tacto y las emociones.
El problema de la información radica en que el efecto que esta proporciona  es en más de un 95% subconsciente que a través de pensamientos, actos repetidos y emociones intensas desarrolla hábitos de comportamiento y pensamiento erróneos.

Yo os propongo un reto, una semana de dieta mental. Igual que cuidamos lo que comemos, cuidemos lo que pensamos. Así que mi propuesta es DESAYUNO, COMIDA Y CENA. Pasad todos nuestros pensamientos por una balanza. Aquí os dejo el medidor de kilopensamientos.

1.Filtro de la evidencia:
Lo primero que te tienes que plantear es si aquello que estás pensando es cierto o tiene algún tipo de evidencia. Hacer un análisis de esta pregunta por si solo ya desecha gran parte de nuestros pensamientos negativos .
Plantéate que aquello que estás pensando es tan solo una hipótesis y que necesitas buscar hechos que la corroboren.
¿Es totalmente cierto lo que estoy pensando?
¿En qué me baso? ¿Tengo evidencias suficientes?
Evidencias a favor y en contra (Hay que tratar de ser lo más objetivos posibles y no sesgar las respuestas)
¿Tengo toda la información para hacer esa inferencia?
¿Me infravaloro? (Eje: ¿realmente nunca me ha salido nada bien? Si pienso situaciones en las que algo me ha salido bien seguro que encuentro alguna)
¿Mi interpretación es parcial?
¿Exagero?
¿Me responsabilizo en exceso?
¿Podría existir otra explicación u otra forma más realista de pensar?

2. Filtro de la gravedad.
¿Es tan grave como yo pienso?
Es decir, en caso de que el pensamiento fuera cierto nos vamos a hacer preguntas encaminadas a evaluar la magnitud de las consecuencias
¿Serían tan horribles las consecuencias?
¿Qué ocurriría si…)
¿A cuántas áreas de mi vida afectaría?
¿Podría encontrarme bien aún cuando esto sea así?
¿Hay otras personas a quienes les haya ocurrido y cómo lo han vivido?
¿Tiene alguna consecuencia positiva?
¿Sería una circunstancia desagradable o insuperable?
¿Me afectaría durante un periodo de tiempo (un mes, dos meses, un año) o durante toda mi vida?
¿Me podrían pasar cosas más graves? ¿Cuáles?

3. Filtro de la utilidad.
Y en el caso de que el pensamiento pase los dos filtros anteriores, es decir sea verdadero y grave (Por ejemplo alguna enfermedad seria) Te propongo las siguientes preguntas:
¿Qué consecuencias tiene para mí pensar así?
¿Me ayuda a solucionar mis problemas?
¿Me hace sentirme bien?
¿Me sirve de algo darle vueltas de manera improductiva?
¿Me ayuda el darle vueltas y más vueltas?

Muchos pensamientos negativos te vendrán en el curso del día. Algunos te vendrán de otras personas, o quizás oirás noticias desagradables. Sin embargo, estas cosas no importan en tanto que no te quedes en ellas.