El diálogo interno

"No nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede", a veces los mismos acontecimientos pueden afectar de manera muy diferente a las personas. Cada vez que comenzamos con el diálogo interno ante un suceso, ya estamos generando una emoción.

 

En el diálogo interno está todo el juego de la fortaleza emocional. No quiero enfocar esto por la psicología positiva, eso sería repetirnos a nosotros mismos que todo va bien. Repetir una y otra vez que todo va bien no sirve de mucho, mejor es convencernos de que lo que pasa no es tan malo/terrible/horrible. Nuestra red neuronal forma un sistema maravilloso que nos permite investigar el mundo y vivirlo, pero conviene conocer sus limitaciones. Disponemos de esta herramienta precisamente para experimentar la realidad, no tanto para filtrarla a través del pensamiento.

 

Cuando nos encontramos mal, nos solemos decir a nosotros mismos " estoy mal, debería hacer esto y aquello para sentirme mejor... ¿Qué podría hacer para estar mejor?" y entonces es cuando la vamos liando nosotros mismos. La primera clave es calmarse. Las “rumiaciones” se puede producir por muchos desencadenantes: una discusión con algún familiar, una equivocación en el trabajo, un examen que no sabemos cómo nos ha salido, un pequeño contratiempo… en definitiva es un suceso que quizá no hemos sabido procesar y por ello se mantiene en nuestros pensamientos.

Pensar menos y vivir más

 

El pensamiento excesivo es un proceso que genera  un considerable desgaste mental. Si cambiamos nuestra manera de pensar se nos abre un mundo de posibilidades, hay que hacer las cosas sin presión. Si nos quitamos presión a nosotros mismos y a los demás conseguiremos tener una vida tranquila, fijándonos en lo que tenemos y en lo que podemos hacer y no en lo que no tenemos y en lo que no podemos hacer. Es entonces cuando podemos disfrutar.

 

Cambiar nuestro diálogo interno es cuestión de perseverancia. Por lo tanto la clave está en:

 

  • Detecta qué es lo que te pone mal. Muchas veces es difícil identificar esa sensación desagradable, no te castigues  buscando el origen de ese malestar. Más bien, percibe que tu estado cambia.

  • ¿Por qué nos ponemos mal? ¿Qué diálogo interno estamos teniendo? ¿Realmente este pensamiento me está siendo beneficioso?

  • Hay que cambiar ese diálogo, transformar las exigencias en preferencias. Rebaja las expectativas cuando las cosas no dependan de ti. No sirve de nada sufrir porque las cosas no son como te gustarían que fueran. Son como son.

  • Escribe en una agenda. Cuando observes que tu pensamiento es circular, inútil y agotador déjalo escrito para tratarlo en otro momento.

  • Muévete. La actividad física tiene un efecto bioquímico, se produce segregación de norepinefrina y serotonina. Esta segregación repercute positivamente en el estado de ánimo y modo de pensar.

 

Cuando nos perdemos fantaseando en el qué podría pasar, de lo qué pasará o de lo que pasó nos sentimos presos, ya que no tenemos capacidad de acción. Si podemos actuar sobre el presente, sobre este preciso instante.