El uso de la metáfora en terapia

 

Las metáforas son ideas e imágenes que se comparan con alguna otra cosa y transmiten un mensaje en forma de cuento, historia o fábula. Se asocian más a la literatura que a la ciencia, pero en realidad son una herramienta habitual en algunas corrientes psicológicas. Esto se debe a que las metáforas aportan una nueva forma de contemplar un problema, fomentando la imaginación y la creatividad, lo que puede facilitar un nuevo enfoque, una mayor comprensión y un posible camino para encontrar soluciones. En terapia, hace al cliente más activo, permite analizar los conflictos con más distancia, facilita el contacto y la expresión de emociones, y ayuda a la transmisión de competencias y experiencias sin provocar resistencias. Además son fáciles de entender y recordar.

 

Las metáforas son más que una forma de hablar sobre la experiencia, SON LA EXPERIENCIA MISMA, estableciendo la forma a través de los cuales percibimos y entendemos el mundo, nuestra historia y los eventos vividos. Es por esto que las metáforas sirven como poderosas herramientas para transformar la percepción, la experiencia y el comportamiento.

 

Las metáforas crean un lenguaje compartido, un mundo compartido dentro del cual el terapeuta puede fácilmente y de una manera impactante lograr una comunicación con el cliente acerca del problema y como resolverlo.

 

El mundo metafórico se pueda convertir en aquel, en el cual el cliente descubra su propia resolución del problema.

 

 

Esencialmente esta es la intención de los cuentos terapéuticos, conectar con nuestra experiencia ante los conflictos, identificar qué es lo que está ocurriendo, cómo se relacionan los elementos que componen esta narrativa y finalmente generar otras versiones, otros significados, ofrecer otros modelos de comportamiento, otras soluciones, otros finales.

 

" De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago."  (Cortázar, J. Las habas del diablo, 1998 )